Sanja matsuri el festival donde la yakuza muestra su poder

Escrito por: Esther Díaz Aznar

Cada 3º fin de semana de mayo se celebra el Sanja Matsuri. ¿Otro festival? Os preguntaréis, pues sí,pero este es un festival muy especial. Como muchos otros en Japón es un festival de carácter religioso. Es conocido también como el “festival de los 3 santuarios”. Estos santuarios portátiles llamados “mikoshi” son cargados a hombros por los lugareños del barrio de Asakusa en Tokio hasta el templo de Sensō-ji.

Hasta ahora todo suena muy similar al resto de festivales japoneses. Pero hay un punto principal en el que radica su diferencia.

Generalmente ocultos e intentando pasar desapercibidos en la sociedad, los yakuza, miembros de la mafia japonesa, tienen en este festival su representación. El festival, que dura 3 días, acoge a aproximadamente 2 millones de personas al año, entre locales y turistas curiosos. Se cantan y bailan canciones tradicionales y se bebe alcohol. Probablemente uno de los pocos festivales en los que ocurre este último factor.

 

Yakuzas sobre un mikoshi. Fuente: wikimedia

 

Durante las celebraciones, los yakuza se quitan sus trajes tradicionales (quedándose en su mayor parte vestidos con “fundoshi”, prenda más conocida por ser la que llevan los sumos en las peleas), y muestran sus tatuajes, marca de identidad de la mafia japonesa, con orgullo, por las calles de Asakusa. Incluso posan para los turistas que allí se reúnen para el festival.

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Yakuzas en el festival Fuente:Holanihon

 

Durante el festival todo el mundo es verdaderamente consciente de su poder. En Japón, la Yakuza no es solo símbolo de miedo, sino también de orden. Son conscientes de su país y sus tradiciones y, cuando éste sufre, los clanes se movilizan para ayudar a los afectados como ocurrió durante el desastre natural de 2011, el tsunami que asoló, entre otros países, Japón.

Suenan taikos, flautas, silbatos… y el resto del sonido ambiental está cargado por los gritos de los allí congregados.

La leyenda tras el festival cuenta que está dedicado a los 3 fundadores del tempo Sensō-ji:

“La leyenda cuenta que una mañana de marzo del año 628 dos hermanos pescadores, Hinokuma Hamanari y Hinokuma Takenari, encontraron en sus redes una estatua de la diosa Kannon. Hajino Nakatomo, un acaudalado arrendador, les explicó de quién era la estatua e introdujo a los hermanos en el budismo. Los tres hombres consagraron la reliquia del Bodhisattva Kannon en un pequeño templo que es hoy en día el más antiguo de Tokio”.

 

 

 

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